Hace casi tres mil años que estamos sometidos al hechizo de La Odisea, y quienes formamos parte de ese encantamiento, esperamos ver si la esperada película de Christopher Nolan para Julio de 2026, logrará aumentar su efecto.
Si hablo de hechizos, es porque no es arriesgado clasificar a este poema épico compuesto por Homero como literatura fantástica. Y no deja de sorprender cómo su capacidad de seducción se ha mantenido con tanta fuerza y por tanto tiempo.
Ahora, el hecho de adaptar un libro a la pantalla, exige un principio cruel; el de priorizar algunas líneas narrativas por encima de las demás. Aún así, de una adaptación se espera un grado de fidelidad con el relato original, sin dejar de refrescar la historia en su nuevo contexto.
Una de las críticas más comunes en las adaptaciones es que no logran mantener esta fidelidad. Elon Musk por ejemplo, ya criticó La Odisea de Nolan por el supuesto rol que tendrá la actriz Lupita Nyong'o como Helena de Troya. Musk argumenta que Homero describe a este personaje como una mujer rubia y de piel clara, deslizando en el supuesto casting, una concesión de agenda política. Una re-interpretación de la idea de belleza, deformando la fidelidad histórica.
Los debates sobre qué grado de fidelidad se debe tener, suelen ser intensos. Y en lo personal, este cambio me parecería bastante nimio. No lograría quebrar la historia. Las adaptaciones creo, hay que entenderlas como si fuesen un acto de reencarnación. Y como dicen los orientales, “ser la misma agua, que simplemente cambia de vasija”.
En La Odisea, el sentimiento de nostalgia irradia al relato. No la gloria, el honor, o conceptos estéticos de belleza femenina, por ejemplo. Después de la Guerra de Troya, Odiseo -Matt Damon en la película-, desea regresar a Ítaca. Volver a su tierra y a su hogar, junto a su fiel esposa Penélope que lo espera, y su hijo Telémaco, que cual investigador exhaustivo, hace lo posible por recolectar información sobre su padre.
La Odisea es este viaje de regreso. Un viaje en reversa que tarda diez años, y está atravesado por un sentimiento de dolor. El concepto de nostalgia precisamente, -este sentimiento tan extendido- tiene raíz griega. Es el dolor por el deseo de regresar.
Lo interesante de esta historia, es que esta nostalgia está atravesada por obstáculos, que en este caso, más que simples enemigos, son tentaciones difíciles de rechazar. Nuevas alternativas de vida cuyo atractivo se expande como materia altamente radiactiva, y ponen en jaque sus antiguos afectos.
Son flaquezas interiores. Y en estas tentaciones, está la clave del relato; el agua que debiese traspasarse de vasija en vasija. La Odisea es una historia de tentaciones, y ahí el efecto de su hechizo. Tentaciones que se estructuran en al menos cinco momentos, donde Odiseo duda, se tienta, flaquea, tal como lo hacemos nosotros con nuestros propósitos.
PRIMERA TENTACIÓN: Palacios y amables princesas.
La tentación de vivir al interior de un palacio podría ser el punto débil de quienes buscan los lujos; pero dentro de todo, esta es una tentación sencilla. Nada que Odiseo no conociera, porque él también fue rey de Ítaca antes de partir a la Guerra de Troya. En el Palacio de los Feacios, se presenta la princesa Nausicaa (se cree será interpretada por Zendaya), quien lo acoge junto a su padre con una bondad suprema.
Los monarcas hacen lo posible para que Odiseo se sienta cómodo, le brindan una gran bienvenida y convocan una competencia de lanzamiento de bala donde saben que ganará. Su hospitalidad, podría hacerlo evitar las tempestades que debiese enfrentar durante su regreso. Y si se quedase en el palacio, no sería necesario perder la memoria. En ese lugar él podría seguir recordando su pasado, esta vez, entre agasajos, aceites, baños, túnicas y diversos tipos de bondades.
SEGUNDA TENTACIÓN: Los narcóticos de las flores de Loto.
Pienso en la cantidad de personas que conozco que se quedarían comiendo flores de loto, en vez de regresar a Ítaca. Pienso esto, porque esta tentación es por medio de una sustancia, que te hace desistir de todas tus motivaciones.
En la Isla de los Lotófagos, es fascinante pensar cómo la tripulación que come el fruto del loto, de alguna forma pierde la memoria. O se olvida de sus propósitos, y al comerlo, solo deseaban quedarse arrancando más y más flores de loto y seguir comiendo con sus compañeros. A quienes comen estas flores, los embarga una placentera apatía.
Esta tentación no viene de humanos, palacios, ni lujos, sino que está escondida en lo más profundo de la naturaleza, con sus químicos secretos. Son las adicciones. El mal uso de las drogas, para olvidar en vez de indagar. Odiseo sin embargo, se lleva su tripulación a la fuerza, atados como si fuesen prisioneros y logran continuar con su regreso.
TERCERA TENTACIÓN: Placeres junto a la hechicera Circe.
La tentación de la hechicera Circe, es la tentación por excelencia. En un principio encandece y brilla, pero luego te degrada.
Es la mecánica de la falsa ilusión, y Circe (Charlize Theron en la película de Nolan) ofrece belleza, sexo, comida, vino, y otros placeres, al igual que en el palacio de los feacios. Sin embargo, en estos brebajes hay una pócima peligrosa. Un brebaje de Millaye, -que hoy investigadores creen es la planta de Datura- que logra convertir a la tripulación de Odiseo en cerdos para tomarlos como rehenes.
Circe es una especie de femme fatalle, seductora y manipuladora.
En este pasaje, hay violencia, atracción, sexo por conveniencia, y mucha manipulación. Cada vez es más difícil volver, y Odiseo termina por quedarse junto a ella un año completo.
Lo curioso es que luego de vencerla, y decide regresar a Ítaca, ella no lo retiene, y por el contrario, se vuelve a su favor convirtiéndose en su consejera.
Quizás si uno vence a sus demonios, ellos luego te benefician. Aunque el consejo sea pasar por el Hades, como es el de Circe, y tener que enfrentarnos a la muerte.
CUARTA TENTACIÓN: Las icónicas sirenas.
Recuerdo haber escuchado esta historia de niña, y haber sentido pavor. Estos seres mitad mujeres y mitad pájaros (no peces como luego se pensó), embrujan a quienes oyen su canto. Son voces tan atractivas e irresistibles que quienes las escuchen serán poseídos y morirán ahogados, para deparar junto a los huesos putrefactos que rodean a las sirenas.
Odiseo para evitar esto, vierte cera de miel en los oídos de su tripulación. Lo interesante es que Odiseo, -genio- a diferencia del resto, decide escuchar los cantos, y para esto, en vez de usar cera de miel, ata sus brazos y piernas alrededor del mástil de barco. Su curiosidad es suprema, quiere ceder a las voces de las sirenas. De manera perfecta, como si pudiese desafiar al propio destino, logra acceder a los atractivos cantos, sin poner en jaque su regreso.
QUINTA Y ÚLTIMA TENTACIÓN: La deliciosa ninfa Calipso en la Isla de Ogigia.
Aunque es la última tentación del viaje de Odiseo, es la primera que Homero presenta en la narración; y es que Homero es un narrador excepcional, y hace del tiempo un material flexible que moldea con soltura.
Esta tentación quizás, es la más profunda de todas. Y quizás por eso, no se presenta como una falsa ilusión; en este caso, la ninfa Calipso accede a Odiseo de manera directa, sin ningún tipo de artilugio. En la isla de Ogigia viven juntos durante 7 años. Nuevamente; entre brebajes, vinos, sol, arena. Odiseo está inmerso en esta ola de placer que le impide dar cuenta del paso del tiempo.
Pero un día decide regresar, y la ninfa Calipso, intentando convencerlo de quedarse, le ofrece la inmortalidad como moneda de cambio. Es emocionante el argumento que Odiseo le da a Calipso; él ama a su mujer Penélope (Anne Hathaway en la película) aunque sea inferior que la ninfa, aunque sea mortal y no inmortal como ella.
Odiseo prefiere mortalidad, en una especie de oda a lo humano. Con todas las agonías que esto implica. La ninfa lo comprende y le concede una balsa para regresar a Ítaca. Odiseo ya ha perdido al resto de su tripulación, y esta vez, debe continuar su regreso totalmente solo.
¿Logrará la nueva “Odisea” mantener su hechizo?
En esta historia, las tentaciones se irán intensificando, y a Odiseo le será cada vez más difícil regresar. El encantamiento de este relato, logrará expandirse si Nolan logra ser fiel con la pulsión nostálgica de su personaje, y lo muestra tal como es: un héroe ambivalente, dispuesto a ceder, dudar, y caer. Con facetas de ternura y a veces mostrando incluso su faceta más violenta.
Sabemos además, que navegar por el agua en una barca, es navegar por la propia psique; y los obstáculos que se presentan, no son más que el reflejo de nuestras propias flaquezas espirituales. Este relato es ante todo un viaje espiritual. Y esperamos el efecto revitalizante que busca cualquier adaptación, no sacrifique las claves que dan cuenta de esto.