Hay pintores que simplemente no encajan. Que no pueden ser clasificados; es casi imposible ponerlos en una categoría. Y muchos de esos artistas solo encuentran un lugar en la historia del arte muchos años después, cuando décadas más tarde un grupo de pintores se pone a hacer algo tan parecido, que los historiadores miran hacia atrás y dicen "ah claro, aquí es donde cabía aquel viejo artista que no supimos clasificar ni apreciar".
Algo así sucedía con Domenico Gnoli, quien declararía hacia el final de su vida: “Como pintor, siempre he trabajado de la misma forma, pero la atención estaba centrada en la abstracción. Ahora, gracias al pop art, mi obra por fin se entiende”.
Lo que explicaba Gnoli es que en la mitad del siglo XX el arte abstracto de había tomado la vanguardia artística, y muchos pintores que todavía miraban lo figurativo, habían sido relegados. Pero algunos años después llegaría el pop art de la mano de Warhol y compañía, y con ellos se revalorizarían una serie de pintores algo olvidados.






De todas formas, no es que Gnoli se muriera de hambre producto de la ignorancia de sus contemporáneos.
Domenico fue hijo y nieto de historiadores y críticos de arte. Nació en Roma en 1933, y creció rodeado de conversaciones, visitas a museos y publicaciones de arte bien complejas. Si bien siempre tuvo un pie en la pintura, su carrera la hizo principalmente como escenógrafo teatral. Su primer éxito lo tuvo con As You Like It de Shakespeare, ya que el diseño del set tuvo muy buenas críticas. De ahí en más su carrera no paró de mejorar, y se la pasaba entre Roma, Nueva York, París y Londres, diseñando sets y escenografías, e incluso trabajando como ilustrador para Vogue y Sports Illustrated. Al final, se asentaría en la isla de Mallorca en 1963, donde empezaría a pintar con mayor método y disciplina.




Sus pinturas, eso sí, no tenían demasiado público. Eran extrañas en tamaño y tema, figurativa pero sin jamás mostrar del todo la figura humana, realistas pero pasadas por el tamiz del pop art, gigantes en tamaño pero microscópicas en el foco. Al final de cuentas pocos se fijaron en ellas.
Pero hacia finales de los años 60 una serie de críticos empezaron a fijarse en su arte: les llamaba la atención cómo representaba objetos de una burguesía pujante y una sociedad del consumo que ya era el tema de conversación en todas las academias del mundo; también, su técnica que usaba polvos y arenas para dar mayor textura a sus pinturas; e incluso su desdén hacia sus contemporáneos italianos que se habían dedicado al Arte Povera.



Pero a sus 37 años, Gnoli murió de cáncer, dejando una carrera trunca en pleno auge.
Pasaron varias décadas en que sus pinturas juntaron polvo en colecciones privadas, alejadas de las grandes galerías, hasta que en los 2010 su obra tuvo un boom que la devolvió a los museos más importantes del mundo. Hoy sus pinturas cuestan millones, y todavía no es fácil encontrarlas.
Aunque si te topas con una, seguramente lo reconocerás.