Justo en estos días que en Chile se habla tanto de arquitectura por el premio que ganó Smiljan Radic, me encontré con una serie de edificios imposibles: futuristas, medio religiosos, gigantescos y con un aire a siglo XVIII medio extraño, como apoyándose en la ilustración pero pasando de ella hacia terrenos totalmente insólitos.
Todo partió con esta biblioteca absolutamente enorme.

Se trata de un proyecto, nunca construido, de una Biblioteca Real. De solo pensar en pasearme por un edificio así, lleno de libros, con un espacio intermedio sin mueblería, totalmente abierto y que te obliga a leer de pie, me dejó un poco hipnotizado. ¿Quién demonios se habría propuesto crear semejante leviatán arquitectónico?
La respuesta: Étienne-Louis Boullée, un arquitecto bastante famoso en sus días, pero que pasó más tiempo enseñando que construyendo. Y era que no: sus edificios –o propuestas de edificios– eran totalmente desquiciadas, tanto en tamaño como en la fisicalidad que los sostenía.
Boullée nació en París en 1728, y su destino como arquitecto estaba bastante marcado: su padre era uno de los más reconocidos en el oficio. El joven Boullée intentó estudiar pintura, pero su padre "le aconsejó" pasarse a la arquitectura. En sus estudios aprendió el estilo predominante en aquella época, y también las bases que sentarían el neoclasicismo que dominaría los años siguientes.
En 1762 entró a la Academia real de arquitectura de París y se convirtió en el arquitecto en jefe de Federico II el Grande de Prusia, aunque este título era más que nada honorario. Más que nada, se dedicó a construir y diseñar mansiones y casas particulares. Y la mayoría ya no existen, salvo contadas excepciones, como el Hôtel Alexandre y Hôtel de Brunoy, ambos en París.



Hasta aquí, todo muy normal. Pero Boullée tenía ideas que le rondaban la cabeza y que necesitaba poner sobre el papel. Así que de a poco se empezó a pasar más a la teoría y la enseñanza, y dejó un poco de lado su trabajo como arquitecto en terreno.
De esa época nos llegan sus planos e ideas más estrafalarias, lo que se llamó en su momento "arquitectura visionaria". La arquitectura visionaria o utópica se refiere a proyectos tremendamente idealistas, que solo existen en el papel ya que es imposible –por lo menos con los medios disponibles en la época de su creación– construirlos. Este movimiento nació en Francia al amparo de la ilustración y la Revolución Francesa.
Y uno de los principales ejemplos de esta arquitectura utópica lo puso nuestro artista de la semana. Boullée estaba altamente impresionado con los descubrimientos y teorías del científico más importante de aquella época: Sir Isaac Newton, así que decidió hacerle un homenaje. De allí nació el célebre Cenotafio a Newton.




El Cenotafio en sus diferentes facetas: fachada, corte superior, de día y de noche.
El edificio en sí era una esfera de 150 metros de altura, más alta que las Grandes Pirámides de Giza, rodeada por dos grandes barreras y cientos de cipreses. La forma esférica y maciza del edificio se inspiró en el estudio de Boullée titulado "Teoría de los cuerpos", donde afirmaba que el cuerpo natural más bello y perfecto es la esfera. Obviamente este mega edificio nunca se construyó, pero Boullée sí se dio mañana de imprimir varias copias de sus planos y propuestas para que circularan entre los arquitectos de la época.
Al final, estos dibujos o planos son más un manifiesto, una propuesta ideológica, que un plano arquitectónico. Y así descubrió una de sus nuevas pasiones: inventarse edificios totalmente imposibles, de una escala absolutamente absurda. Cuando ves las imágenes de sus proyectos, a primera vista te parece un edificio normal, que se te podría aparecer en cualquier cuadra de París. Pero si miras más de cerca, verás que el tamaño proyectado es totalmente ridículo.









Boullée fue bastante influyente en la arquitectura de su tiempo, especialmente porque fue profesor de muchos de su contemporáneos. Al mismo tiempo, su predilección por los diseños grandiosos le ha valió una reputación de megalómano y visionario al mismo tiempo. Su "obra magna", un libro titulado Ensayo: el arte de la arquitectura, fue recién publicado en 1953, cuando fue redescubierto por arquitectos como Aldo Rossi, ganador del mismo premio que Smiljan Radic. ¿Tienen un aire, no?



