Cómo empezamos Fintual

Tengo un gato de 13 años, así que lo llevo harto al veterinario. Hoy me tocó llevarlo y cuando venía de vuelta vi un cartel grande en la calle que decía “Fintual”. Me sentí raro. Por un lado, se siente súper bien ver a tu empresa ahí. Sé que es una tontera sentirse bien por eso, cualquiera con algo de plata puede poner un cartel, pero mi “reptil” se emocionó mucho (en Fintual le decimos “reptil” a esa componente más instintiva y emocional que todos llevamos dentro).

Pero, además de esa felicidad y sensación (ridícula) de logro que me produjo ver el cartel, también me pasó otra cosa. Yo no tenía idea que iban a poner un cartel ahí, así que no pude evitar pensar: “Chuta, mi empresa está tan grande que ya hay muchas cosas que ni me entero”. Justo hace un par de años estuvimos varios meses discutiendo si poner un cartel en la calle y nunca lo hicimos. Ahora lo hicimos y me enteré por la prensa.

Quizás lo más raro de ver el cartel fue sentirse grande pero sabiendo la historia que había detrás. Lo chicos e insignificantes que fuimos en algún minuto. Uno está acostumbrado a ver carteles de empresas grandes y por alguna razón se imagina que siempre fueron grandes.

Una de las principales razones por las que emprendí es que vi una película (Los Piratas de Silicon Valley) donde muestran a Bill Gates y Steve Jobs en sus inicios.

Hasta ese momento siempre había visto a Apple y Microsoft como los gigantes que son hoy día. Esa película me hizo verlos distinto, me hizo darme cuenta que ellos también lo pasaron mal y tuvieron mucha incertidumbre al principio. Y eso fue lo que me llevó finalmente a lanzarme a hacer una startup: verlos tan vulnerables me permitió relacionarme con ellos, me hizo pensar que si ellos podían, quizás yo también. Además hacer una startup se veía demasiado entretenido en la película.

Y me imagino que a la gente que ve Fintual hoy en día le pasa algo parecido. No pretendo decir que Fintual está o estará alguna vez al nivel de Apple o Microsoft, pero sí se debe ver para afuera como algo bien sólido cuando alguien ve nuestro cartel en la calle. Y claramente no siempre lo fue. Así que acá voy a tratar de contar, con hartos detalles, la historia de Fintual cuando partimos chiquititos e insignificantes.

Ojalá alguien se motive con esta historia y haga su propia startup.

Primeros pasos

Fintual partió cuando a Omar se le ocurrió que sería bueno tener una forma para que las personas en Chile pudieran invertir de manera fácil y 100% online. Él llevaba un buen tiempo como portfolio manager y le pasaba que todo el mundo le decía: “Quiero invertir mi plata, tengo X lucas y no sé bien dónde ponerlas”. Además se dio cuenta que a la mayoría de la gente no le gustaba el tema de las inversiones y le daba lata ponerse a estudiarlo.

En esa época no había nada muy bueno en el mercado para ese segmento retail (o con poca plata para invertir), ni en términos de facilidad de uso ni en términos de cuánto les cobraban. Omar se puso a investigar y se dio cuenta de que en otros países ya existía su idea, lo que lo motivó más a hacerlo en Chile.

Ahí nos sumó a mí y a Pedro (nos conocía de la universidad, aunque yo no conocía a Pedro). Luego se sumó Platanus (una software factory fundada por unos amigos de Pedro), para que nos ayudaran con la parte del software. Desde el inicio Agustín fue la persona de Platanus que estuvo más involucrada, así que para todos a estas altura Agustín es el 4to socio (aunque técnicamente es Platanus).

El 2016, cuando empezamos a trabajar en Fintual, era solo yo y Pedro fulltime. Omar, seguía trabajando de portafolio manager en otra AGF de cuyo nombre no quiero acordarme y Agustín estaba la mitad del tiempo en Fintual (la segunda mitad de su tiempo estaba en Platanus y la tercera mitad de su tiempo estaba en Buda, SurBTC en ese entonces). Pero desde el inicio los cuatro estuvimos muy involucrados en el proyecto, era como nuestro hijo. Yo en particular pensaba que Platanus no nos iba a pescar mucho luego de que nos asociamos, pero todos de ahí nos ayudaban harto, en particular Agustín se sentía como si estuviera fulltime (aún no sé cómo lograba multiplicarse por 3, pero lo lograba).

Me sentía un poco tonto trabajando con socios tan bacanes. Agustín y Pedro ya eran famosos en el mundo del startup porque ambos habían vendido sus empresas. Yo recién estaba aprendiendo cosas que para ellos eran obvias. Cuando yo iba ellos venían de vuelta, y los veía más como mentores que como socios (mentores además de los que aprendía todo el día porque compartía oficina con ellos). En particular me sorprendía la capacidad que tenía Agustín de resolver problemas tanto del software como del negocio, y después de trabajar harto con él me dí cuenta de por qué su producto anterior de delivery de comida (QueHambre que yo había usado y amado antes de conocer a Agustín) se sentía tan fácil de usar. Era la misma esencia que desde el día uno Agustín fue metiendo en Fintual. Y bueno, Pedro era Pedro, el compadre que había sido capaz de vender una empresa dos veces (la vendió, luego la recompró a 1 dolar y luego la volvió a vender).

Platanus además nos prestaba gratis una pieza dentro de su oficina. Esta era la oficina donde empezó Fintual:

Sí, la mesa de la izquierda es una mesa de picnic.

Era prácticamente un clóset que estaba detrás de la cocina, pero al menos nos salía cero peso. Pedro y yo compartimos esta oficina por más de un año (Agustín tenía una oficina más rica en el segundo piso). Le decíamos “el cuchitril” de cariño. Una vez me fui de vacaciones y justo entraron a robar a la oficina de Platanus. Estaba asustado porque tenía mi teclado y mi pantalla en “el cuchitril”. Pero no pasó nada, probablemente porque los ladrones no pensaron que había cosas de valor adentro de ese clóset. Creo que a Agustín sí le robaron su pantalla, jaja.

Ese 2016 fue un año súper raro. Pasábamos gran parte del tiempo con Pedro encerrados en “el cuchitril” haciendo una página de inversiones súper user friendly, que no sabíamos bien cómo iba a funcionar por debajo. Como no estábamos regulados, pensábamos que lo mejor era ser la parte web de otra Administradora General de Fondos o corredora de bolsa. O sea, que la gente pudiera invertir fácil por nuestra página, pero que lo que ofreciéramos fueran instrumentos de inversión de alguien más. Para lograr eso, nos conseguíamos (principalmente gracias a Omar) reuniones con gigantes de la industria, hablábamos un rato y ahí quedaba todo. De vuelta a programar algo que no tenía usuarios.

En estas reuniones con los expertos de la industria, casi siempre nos decían que lo que queríamos hacer era mala idea y nos daban miles de razones del porqué. Las reuniones seguían siempre el mismo guion: nosotros tratando de convencerlos de que nos dejen vender sus productos en la página y ellos diciéndonos que no iba a funcionar y que no nos iban a apoyar. Al final quedábamos en nada.

En todo caso, nunca nos convencieron sus argumentos, de hecho le pusimos Rafa Nadal a Omar, porque contestaba sin problema todos los “peros” a nuestra idea que los actores tradicionales le decían (y por pura coincidencia, nació exactamente el mismo día que Rafael Nadal).

Ahí me dí cuenta de lo seco que era realmente Omar en el mundo de las finanzas (ya lo encontraba seco en la universidad, pero en una faceta más matemática). Habíamos salido de la u casi al mismo tiempo y en ese lapso de como 5 años él ya entendía muy bien la industria financiera. Conocía el funcionamiento completo de una administradora y entendía sorprendentemente bien la regulación que está debajo. Decíamos en broma de que Omar era un abogado en el cuerpo de ingeniero. Era impresionante verlo de igual a igual con personas de la industria que llevaban mucho más tiempo que él, tenía la película clarísima.

“Vaca Sagrada”

Siempre he pensado que las mejores startups son las que terminan matando una vaca sagrada: algo en que toda la industria cree que es cierto, pero que al final termina siendo un mito cuando alguna startup lo logra derribar.

Para Bill Gates y Steve Jobs era algo como: “la gente nunca va a tener computadores personales y el hardware va a ser más valioso que el software”. Para nosotros era algo como: “la gente nunca va a confiar en una empresa por Internet para invertir y si tratas de bajar las comisiones actuales para los clientes chicos no te va a dar el negocio".

Si bien no podíamos convencer a la industria de que su “vaca sagrada” era un mito, tampoco los argumentos que nos daban ellos nos lograban convencer a nosotros de que no lo era (sobre todo con Rafa Nadal de nuestro lado). Y como las mejores startups nacen de una “vaca sagrada”, haber encontrado la nuestra fue lo que me mantuvo motivado durante este largo periodo de incertidumbre.

No solo había incertidumbre en términos de cómo íbamos a llegar a los primeros clientes si nadie se quería asociar con nosotros, si no que además incertidumbre monetaria. Como Omar no estaba trabajando fulltime en Fintual (aunque igual trabajaba en las noches y los fines de semana y se escapaba cuando podía a las reuniones que él mismo se conseguía), le cobrábamos una multa mientras no se viniera fulltime. Esa plata nos alcanzaba para pagar servidores y otros gastos chicos. No nos alcanzaba para pagarnos un sueldo a mí o a Pedro, así que teníamos que vivir con los ahorros nomás (“nos gustan los porotos” solía decir Pedro en todas las reuniones que teníamos). El sueldo de Agustín y el de un desarrollador que nos daba Platanus en préstamo, lo pagaban ellos.

En septiembre de 2016 fuimos con Pedro a la primera edición de una conferencia en Valdivia (9punto5) manejando 10 horas en auto, porque no teníamos mucha plata. Pedro es el que está saludando.

Es curioso, pero durante ese periodo tanto a Pedro como a mí nos ofrecieron, por separado, trabajo en otro lado. Tuvimos que elegir entre un trabajo seguro con un muy buen sueldo a un trabajo sin sueldo y con mucha incertidumbre. Me acuerdo que cuando Pedro me contó que le habían ofrecido un sueldo exorbitante, yo empecé a guardar mis cosas porque pensé que se había acabado Fintual. Hasta que Pedro me dijo: “Tranquilo, no lo acepté”. Lo cierto es que creíamos tanto en la visión que cuando dijimos que no a esas ofertas, lo hicimos con pocas dudas.

El MVP

Como ya conté antes, durante gran parte del 2016 estuvimos hablando con varias Administradoras Generales de Fondos o corredoras de bolsa para vender sus productos en nuestra página.

Después de como 70 reuniones (Pedro tenía un Google Sheet con todas las reuniones, por eso sé que fueron 70), logramos que una administradora (que llamaremos “Profondos” para no revelar su verdadero nombre) se “asociara” con nosotros. Y lo digo entre comillas, porque al final éramos un vendedor más de ellos, como cualquier otro vendedor que te vende fondos y se lleva una comisión por eso, muy comunes en la industria financiera por cierto. Decíamos en broma que nos íbamos a ganar el tazón del empleado del mes.

Así que teníamos que lanzar nuestro primer MVP.

Ser CTO de una startup es un proceso bien raro. Pasas de ser de los primeros y pocos programadores de un código a tener un proyecto gigante con miles de líneas de código que no conoces ni el 10%. En Fintual hoy hay 22 desarrolladores haciendo cambios al código todos los días. Al principio yo revisaba cada cambio al código, ahora no reviso casi nada. Al principio yo programaba la mayor parte del tiempo, ahora casi nunca.

Gráfico de mis contribuciones al código de Fintual. El 2020 fue mi peor año, pero probablemente el 2021 sea peor (pareciera que estoy hablando del COVID, pero no).

Fintual fue el primer proyecto que hice en el framework de desarrollo web Rails, así que podríamos decir que aprendí (y amé) Rails gracias a Fintual. Y como recién estaba aprendiendo de ese framework, a veces cometía errores y dejaba la base de datos en un estado inconsistente. Lo bueno es que como aún no teníamos clientes, arreglarlo era tan fácil como borrar la base de datos de producción (que solo tenía datos de prueba) y empezar de cero.

Y así después de un tiempo programando yo y el desarrollador que nos prestaba Platanus, a fines del 2016, lanzamos nuestro MVP, que era en algunos aspectos muy parecido a la página que tenemos ahora (aunque harto más feo).

La gran diferencia era que cuando llegabas a la parte más formal de firmar un contrato para empezar a invertir con nosotros, en vez de mostrarte un contrato en la página te decíamos: “Pedro va a ir a tu casa a llevarte los contratos para que los firmes”. Sí, el CEO fue presencialmente a la casa u oficina de los primeros 40 clientes (fue una experiencia que nos sirvió mucho en verdad, porque Pedro aprovechaba de hablar con esas personas y hacerles preguntas para conocer sus miedos y preocupaciones a la hora de invertir).

Teníamos que hacerlo así porque Profondos no tenía la opción de firmar contratos online, todos sus contratos eran en papel nomás. Como ellos eran la Administradora General de Fondos, y por lo tanto ellos se llevaban la responsabilidad legal de la plata, no había mucho que hacer de nuestro lado. Después de que firmaban los contratos, Pedro los tenía que llevar a Profondos para que los ingresaran en su sistema.

Pedro era el hamster de Fintual, manteniendo la página andando a punta de esfuerzo y sudor.

Una vez que firmabas el contrato y querías invertir tu plata, tenías que depositar a la cuenta de Profondos, ellos detectaban el depósito y hacían la inversión de la persona. Yo después me tenía que meter a la página de Profondos para ver en cuántas cuotas de los fondos se había convertido la plata depositada y las metía manualmente a nuestra base de datos. A veces me demoraba uno o dos días. Como teníamos a lo más un depósito a la semana, y bien pocos clientes, daba lo mismo si me demoraba un par de días. Para hacerte una idea, hoy tenemos en promedio miles depósitos al día, y si nos demoramos más de 10 minutos en detectarlo, los clientes nos preguntan por el chat qué pasó.

Además de este proceso operativo bien deficiente, los fondos que vendíamos no eran tan buenos en términos de rentabilidad, porque eran los que tenía Profondos nomás (por esto no quise decir cómo se llama Profondos en verdad). Como su comisión era parecida al resto del mercado, la rentabilidad no era muy buena. De hecho, uno de nuestros primeros clientes fue la esposa de Agustín y como le fue mal al principio, se asustó, sacó su plata y juró que nunca más nos iba a usar (no sé si nos habrá perdonado ☹️).

Era evidente que teníamos un problema. Habíamos creado una página súper innovadora y tecnológica para vender fondos tradicionales con comisiones tradicionales firmando un contrato tradicional. Ni a nosotros nos gustaba. Yo, por ejemplo, no tenía invertida mi plata ahí. Por lo mismo, no lo promocionábamos mucho y nuestra base de clientes crecía súper poco. Lo bueno es que nos sirvió para corroborar la hipótesis de que la gente confiaba y podía meter plata en algo online sin ni siquiera conocernos (aunque igual después les tocaba conocer a Pedro cuando firmaban el contrato).

Nuestra idea era ir mejorándolo en todo caso. Por ejemplo, todo este tiempo jurábamos de guata que Profondos nos iba a dejar agrupar a varios clientes y bajarles las comisiones a todos. Como los fondos tradicionales tienen series donde si pones harta plata, te cobran menos comisión, lo que pretendíamos nosotros era hacer que nuestros clientes entraran como un pack a esas series. Esto nos iba a permitir ir mejorando nuestro producto de a poquito y quizás más adelante nos dejarían hacer que el contrato fuera online también.

Pero después en una reunión con ellos, entendimos de que eso nunca se iba a poder. Cuando les preguntamos por qué no, nos dijeron algo como: “nosotros somos la Administradora General de Fondos y nosotros mandamos”. (Ok, quizás estoy exagerando, pero en verdad entendimos que no tenía mucho sentido seguir con Profondos).

Nos dimos cuenta de golpe que si queríamos cumplir con el sueño de Omar de tener un producto fácil, barato y simple para invertir, íbamos a tener que ser una Administradora General de Fondos. No nos quedaba otra. Hasta ese entonces lo habíamos evitado, principalmente porque no conocíamos bien el proceso regulatorio que implicaba. Mateamente nos pusimos a estudiar para entenderlo bien y aprendimos mucho en esa época. Pero específicamente me daba mucha tranquilidad tener a Omar (que a estas alturas ya había renunciado y se había venido fulltime) en el equipo y que estuviera de acuerdo con la decisión, considerando la experiencia que ya tenía.

Así que nos pusimos a trabajar y luego vino un periodo bien movido donde nos dieron la licencia para ser una Administradora General de Fondos y lanzamos el producto que siempre habíamos soñado. Al fin íbamos a poder saber si nuestro producto iba a volar o se iba a ir en picada. Pero esa historia las dejaré para una siguiente parte (si es que alguien lee esta primera parte).

Algo que puedo concluir de ese primer año de Fintual es que es fácil desmotivarse cuando uno está en una empresa chica. Sobre todo si se está acostumbrado a ver a otras empresas grandes ya funcionando, los “casos de éxito”.

Lo cierto es que ser una empresa chica es horrible, fome y desmotivante; y el 2016 fue un año bien difícil en mi vida, con mucha incertidumbre. Pero hay que considerar que toda empresa grande es una empresa chica que aguantó distintos problemas. Como creíamos harto en nuestro producto y en nuestra visión, en que habíamos encontrado una “vaca sagrada”, le echamos para adelante, con la esperanza de que pronto todo empezaría a encajar.

Y lo hizo.


Había dicho que si este post lo leían personas, haría una segunda parte. Bueno, acá está.


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